miércoles, 18 de septiembre de 2013

PUTAS PERDICES

Soy una niña de los 80. Crecí viendo cuentos de hadas, soñando con que un día un príncipe azul me descubriría, me salvaría y, tras casarnos, seríamos felices y comeríamos perdices.

En la adolescencia algo cambió y comencé a tener pesadillas con bodas… me despertaba el día de mi enlace sin saber quién era él ni cómo había tomado esa horrible decisión…

Pasaron años en los que las pesadillas se sucedían, fueron pasando por mi vida proyectos de príncipes que involucionaron a sapos y la princesa que era se parecía cada vez más a la bruja.

Hace 3 años conocí a Claudio, que no tenía el clásico aspecto de príncipe azul pero se parecía bastante a lo que yo buscaba. Dejé de tener pesadillas pero seguía sin ninguna gana de casarme… y cumplí mi sueño más largo, ir a África como médico. El Congo me enseñó unas cuantas cosas sobre mí… entre ellas que estaba viviendo con miedo… así que a la vuelta me lancé a la piscina y preparamos una boda en 3 meses…  volví a tener pesadillas, pero habían cambiado… ahora se me olvidaba el vestido, las medias o me hacía una fractura abierta tras caerme de los tacones.. J este cambio de temática me hizo sentir más segura de mi decisión y tras nervios, ansiedades y mucha planificación surgió una boda alternativa que colmó todas las expectativas de mi niñez. Lejos de ser un día desagradable, fue maravilloso, me lo pasé en grande y disfruté muchísimo de tener a muchas de las personas que he querido a lo largo de mi vida a mi lado. ¡Y, para colmo, se lo pasaron bien! J

Pero los cuentos continúan y la vida también… y ahora toca el amor intenso, el romanticismo y aquello de “y fueron felices y comieron perdices”…

En lugar de eso hoy nos ha llovido intensamente en París, un indio nos ha echado de un toldo en el que estábamos refugiándonos de la tromba y como cuando nos hemos levantado hemos visto que el piso que alquilamos tenía más roña que los baños del Congo, nos hemos pasado una horita de la tarde limpiando… vaya comienzo de luna de miel…

Así que tengo la mosca detrás de la oreja y empiezo a pensar que lo de comer perdices era un eufemismo para referirse a comer mierda…. ¡Jajajaja! Vale, vale, ya sé que estoy exagerando pero seguro que os he dado un sustillo y ahora estáis riendo, ¡además el relato queda chulo! J

Por lo demás el día ha sido bonito, me ha llamado la atención que muchos de los tradicionales comercios parisinos los regentan extranjeros de diversas razas y nacionalidades… me pregunto si llegará pronto el día en el que todos seamos verdaderos ciudadanos del mundo,  luchemos todos por el bien común y no quede en el planeta ninguna frontera…

Besos a todos… ahora desde más cerca… y si me perdonáis, le van a dar por saco a las perdices y voy a ver si las cambio por chuletones ;)


¡Más besos!