Soy una niña de los 80. Crecí
viendo cuentos de hadas, soñando con que un día un príncipe azul me
descubriría, me salvaría y, tras casarnos, seríamos felices y comeríamos
perdices.
En la adolescencia algo cambió y
comencé a tener pesadillas con bodas… me despertaba el día de mi enlace sin
saber quién era él ni cómo había tomado esa horrible decisión…
Pasaron años en los que las
pesadillas se sucedían, fueron pasando por mi vida proyectos de príncipes que
involucionaron a sapos y la princesa que era se parecía cada vez más a la bruja.
Hace 3 años conocí a Claudio, que
no tenía el clásico aspecto de príncipe azul pero se parecía bastante a lo que
yo buscaba. Dejé de tener pesadillas pero seguía sin ninguna gana de casarme… y
cumplí mi sueño más largo, ir a África como médico. El Congo me enseñó unas
cuantas cosas sobre mí… entre ellas que estaba viviendo con miedo… así que a la
vuelta me lancé a la piscina y preparamos una boda en 3 meses… volví a tener pesadillas, pero habían cambiado…
ahora se me olvidaba el vestido, las medias o me hacía una fractura abierta
tras caerme de los tacones.. J
este cambio de temática me hizo sentir más segura de mi decisión y tras
nervios, ansiedades y mucha planificación surgió una boda alternativa que colmó
todas las expectativas de mi niñez. Lejos de ser un día desagradable, fue maravilloso,
me lo pasé en grande y disfruté muchísimo de tener a muchas de las personas que
he querido a lo largo de mi vida a mi lado. ¡Y, para colmo, se lo pasaron bien!
J
Pero los cuentos continúan y la vida
también… y ahora toca el amor intenso, el romanticismo y aquello de “y fueron
felices y comieron perdices”…
En lugar de eso hoy nos ha
llovido intensamente en París, un indio nos ha echado de un toldo en el que
estábamos refugiándonos de la tromba y como cuando nos hemos levantado hemos
visto que el piso que alquilamos tenía más roña que los baños del Congo, nos
hemos pasado una horita de la tarde limpiando… vaya comienzo de luna de miel…
Así que tengo la mosca detrás de
la oreja y empiezo a pensar que lo de comer perdices era un eufemismo para
referirse a comer mierda…. ¡Jajajaja! Vale, vale, ya sé que estoy exagerando
pero seguro que os he dado un sustillo y ahora estáis riendo, ¡además el relato
queda chulo! J
Por lo demás el día ha sido
bonito, me ha llamado la atención que muchos de los tradicionales comercios
parisinos los regentan extranjeros de diversas razas y nacionalidades… me pregunto
si llegará pronto el día en el que todos seamos verdaderos ciudadanos del mundo, luchemos todos por el bien común y no quede
en el planeta ninguna frontera…
Besos a todos… ahora desde más
cerca… y si me perdonáis, le van a dar por saco a las perdices y voy a ver si
las cambio por chuletones ;)
¡Más besos!
¡O por codillo y emperador! =D
ResponderEliminar¡O por codillo y emperador! =D
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