Pasé la noche
inquieta y a las 6.00 ya estaba despierta. Finalmente el cura seguía en la
habitación de al lado, Edrungi regresó de casa de su hermano y Mahagi seguía
estando a 30 km.
Desayunamos y nos
recogió el coche del jefe. En una hora estábamos en el parque y a unos 200
metros de la entrada empezamos a ver grupos de antílopes, jabalís, elefantes y
jirafas… El parque Paraa está mucho más poblado que el de Garamba, por lo que
es más fácil ver animales. Incluso vimos un gran hipopótamo fuera del agua.
Pero no nos tropezamos ningún león… son difíciles de ver, aunque como en todo
en la vida parece que la ley de Murphy viene a dar por culo de vez en cuando
incluso en la selva… os cuento lo que le pasó a Ivo hace unos años… estaban en
un parque en Tanzania y picharon una rueda en dos ocasiones (creo que en
diferentes viajes). La primera vez ya lo
pasaron mal, pero es que la segunda tenían una manada de 4 leones observándolos
a 200 metros. Uno se puso a cambiar la rueda mientras los otros no les quitaban
el ojo de encima a los felinos… imaginaos el estrés… Así que ayer mientras rodábamos por las
pistas solo pensaba, “como se le pinche una rueda al tipo este le pago un coche
nuevo antes de bajarme”… :) por suerte no hubo averías…
Pude ver el Nilo
pero no pudimos navegarlo hasta las cataratas por falta de tiempo… es una pena,
pero me consuelo pensando que al menos he visto una parte del parque y que ya
tengo un pretexto para volver :)
A medio día comimos
en Pakwach, que está a menos de un kilómetro del inicio del parque. Paseando
por sus calles nadie diría que hay animales salvajes a pocos metros… imagino
que prefieren la carne de gacela…
A las 13.30
estábamos bajo la sombra de un camión averiado (durante bastante tiempo a
juzgar por las telarañas del interior de los neumáticos) esperando un autobús
que llegó a las 14.45… hacía un calor horroroso.
La compañía de
viajes se llamaba KK travellers (viajeros caca)… como podéis imaginar mis
expectativas no eran muy altas… pero lo que me encontré fue peor… el interior
del autobús tenía dos hileras de asientos a ambos lados de un pasillo. Una era
de dos sitios y la otra de 3. Como íbamos 3 nos pusieron juntos. Los asientos
están forrados aún con los plásticos con los que salieron de fábrica “para que
se vea que está nuevo”… estaría nuevo hace un siglo porque ahora el plástico
está roto, amarillento y “sudao”… por supuesto no hay aire acondicionado, pero
se abren las ventanas y entra fresco, lo malo es que en cuanto parábamos
empezaba a recalentarse el ambiente… viajaba con dos rollizos, así que a mí me
tocaba medio asiento… me quedé en el de fuera, de lado, con las piernas en el
pasillo… así las cosas preparé mi paciencia para un viaje de 4 horas que duró
7… es curioso el mundo, hice 200 km en el mismo tiempo que voy a llegar a
Bruselas… lo peor fue la entrada a Kampala, había un atasco tal que tardamos
una hora y media en hacer 30 km…
Lo mejor del viaje
eran las paradas. En cualquier arcén en el que nos detuviéramos 5 minutos había
gente preparada para vender todo tipo de cosas a través de las ventanillas.
Agua, refrescos, mazorcas de maíz, brochetas, cacahuetes… esto le daba un toque
muy exótico al ambiente…
A pesar de todo
tengo que decir que los autobuses de Uganda son bastante mejores que los
congoleños. Estos últimos se llaman “La vida es un combate” y creo que le
pusieron ese nombre para darle coraje a los que viajan en ellos. Hay muy pocas
rutas con muy pocas frecuencias, deben de tardar siglos por el mal estado de
las carreteras y a menudo tienen las ventanas rotas por lo que si llueve te
mojas, y si no, te asfixias con el polvo del camino, que no es poco.
Uganda es
extrañísima, vas por una carretera más o menos asfaltada (había tramos en los
que los agujeros de los arcenes llegaban casi hasta la línea del centro),
rodeado de casas de paja y barro como las congoleñas y, de vez en cuando, un
poblado con unas cuantas casitas de ladrillo destinadas principalmente a la
venta de bebidas y saldo para los móviles.
Llegamos a las
22.00, como era tarde y no nos esperaban en la casa de los misioneros decidimos
quedarnos los 3 en un hotel del centro que conocía Edrungi. Era cutre y sucio,
pero no es el peor sitio en el que he estado. No tenía mucha confianza en que
no hubiera bichos así que me atrincheré bajo la mosquitera hasta las 6.00 de la
mañana… espero recuperar un ritmo circadiano más normal en España :)
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