lunes, 20 de mayo de 2013

19 DE MAYO: DESCUBRIENDO UGANDA



Pasé la noche inquieta y a las 6.00 ya estaba despierta. Finalmente el cura seguía en la habitación de al lado, Edrungi regresó de casa de su hermano y Mahagi seguía estando a 30 km.
 
Desayunamos y nos recogió el coche del jefe. En una hora estábamos en el parque y a unos 200 metros de la entrada empezamos a ver grupos de antílopes, jabalís, elefantes y jirafas… El parque Paraa está mucho más poblado que el de Garamba, por lo que es más fácil ver animales. Incluso vimos un gran hipopótamo fuera del agua. Pero no nos tropezamos ningún león… son difíciles de ver, aunque como en todo en la vida parece que la ley de Murphy viene a dar por culo de vez en cuando incluso en la selva… os cuento lo que le pasó a Ivo hace unos años… estaban en un parque en Tanzania y picharon una rueda en dos ocasiones (creo que en diferentes viajes).  La primera vez ya lo pasaron mal, pero es que la segunda tenían una manada de 4 leones observándolos a 200 metros. Uno se puso a cambiar la rueda mientras los otros no les quitaban el ojo de encima a los felinos… imaginaos el estrés…  Así que ayer mientras rodábamos por las pistas solo pensaba, “como se le pinche una rueda al tipo este le pago un coche nuevo antes de bajarme”… :) por suerte no hubo averías…

Pude ver el Nilo pero no pudimos navegarlo hasta las cataratas por falta de tiempo… es una pena, pero me consuelo pensando que al menos he visto una parte del parque y que ya tengo un pretexto para volver :)
 
A medio día comimos en Pakwach, que está a menos de un kilómetro del inicio del parque. Paseando por sus calles nadie diría que hay animales salvajes a pocos metros… imagino que prefieren la carne de gacela…

A las 13.30 estábamos bajo la sombra de un camión averiado (durante bastante tiempo a juzgar por las telarañas del interior de los neumáticos) esperando un autobús que llegó a las 14.45… hacía un calor horroroso.

La compañía de viajes se llamaba KK travellers (viajeros caca)… como podéis imaginar mis expectativas no eran muy altas… pero lo que me encontré fue peor… el interior del autobús tenía dos hileras de asientos a ambos lados de un pasillo. Una era de dos sitios y la otra de 3. Como íbamos 3 nos pusieron juntos. Los asientos están forrados aún con los plásticos con los que salieron de fábrica “para que se vea que está nuevo”… estaría nuevo hace un siglo porque ahora el plástico está roto, amarillento y “sudao”… por supuesto no hay aire acondicionado, pero se abren las ventanas y entra fresco, lo malo es que en cuanto parábamos empezaba a recalentarse el ambiente… viajaba con dos rollizos, así que a mí me tocaba medio asiento… me quedé en el de fuera, de lado, con las piernas en el pasillo… así las cosas preparé mi paciencia para un viaje de 4 horas que duró 7… es curioso el mundo, hice 200 km en el mismo tiempo que voy a llegar a Bruselas… lo peor fue la entrada a Kampala, había un atasco tal que tardamos una hora y media en hacer 30 km…  

Lo mejor del viaje eran las paradas. En cualquier arcén en el que nos detuviéramos 5 minutos había gente preparada para vender todo tipo de cosas a través de las ventanillas. Agua, refrescos, mazorcas de maíz, brochetas, cacahuetes… esto le daba un toque muy exótico al ambiente…

A pesar de todo tengo que decir que los autobuses de Uganda son bastante mejores que los congoleños. Estos últimos se llaman “La vida es un combate” y creo que le pusieron ese nombre para darle coraje a los que viajan en ellos. Hay muy pocas rutas con muy pocas frecuencias, deben de tardar siglos por el mal estado de las carreteras y a menudo tienen las ventanas rotas por lo que si llueve te mojas, y si no, te asfixias con el polvo del camino, que no es poco.

Uganda es extrañísima, vas por una carretera más o menos asfaltada (había tramos en los que los agujeros de los arcenes llegaban casi hasta la línea del centro), rodeado de casas de paja y barro como las congoleñas y, de vez en cuando, un poblado con unas cuantas casitas de ladrillo destinadas principalmente a la venta de bebidas y saldo para los móviles.

Llegamos a las 22.00, como era tarde y no nos esperaban en la casa de los misioneros decidimos quedarnos los 3 en un hotel del centro que conocía Edrungi. Era cutre y sucio, pero no es el peor sitio en el que he estado. No tenía mucha confianza en que no hubiera bichos así que me atrincheré bajo la mosquitera hasta las 6.00 de la mañana… espero recuperar un ritmo circadiano más normal en España :)
 
Continuará…

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