Ayer por fin era viernes. No puedo decir que el tiempo haya
pasado rápido esta semana. A nivel de alojamiento y acogida por los compañeros
médicos no me puedo quejar, pero el hospital me satura.
Vi los enfermos de medicina interna y me puse manos a la
obra con el primer microproyecto; hacer una historia clínica ordenada. Tienen
un modelo que imprimen que no tiene ningún sentido. Casi no deja espacio para
escribir por lo que empiezan a anotar cada día en un sitio, sin orden ni
concierto, las tensiones en los márgenes sin poner ni siquiera la fecha por lo
que no sabes ni a qué día corresponde. Comenté que me parecía que el principal
problema era el modelo que utilizaban y me encomendaron la tarea de cambiarlo.
Me alegra tener un objetivo concreto, desde luego si programo otra experiencia
trataré de tener un programa concreto antes de salir de casa. El trabajo no
sería muy complicado si no es porque tienen los modelos escaneados así que
funcionan como imagen, por lo que tengo que rehacerlos completamente… pero
bueno, así estoy ocupada. He propuesto también que pongan en marcha el electro
que tienen. No lo usan porque no saben interpretarlo. En las dos semanas que
quedan espero poder enseñarles a diferenciar la normalidad de lo patológico.
Por la tarde colada… si en Ariwara y en Mahagi ya era
difícil y había un lavadero, aquí que se lava en cubo doblando el espinazo os
podéis imaginar. Además he descubierto que hay que lavar por la mañana porque
por la noche hay que recoger la ropa para evitar que la roben, así que conviene
que esté seca. No tienen cepillo para rascar la roña así que recurrí de nuevo a
mi cepillo de las uñas. La mamá cocinera se acercó curiosa y me preguntó que
eso qué era… omití que tenemos artilugios para limpiarnos las uñas y le dije
que así era más fácil sacar la suciedad… conclusión, no ha visto un cepillo de
ningún tipo en su vida…
Más tarde nos recogieron Givo, Papy y María y fuimos a dar un paseíllo “al centro
comercial”. Consiste en unos 10 kioscos de madera de 1 metro cuadrado en los
que venden artilugios y cerveza. A la vuelta compramos unos litros y nos los
tomamos en casa. En la conversación salió el tema del “amor”… estos para lo
único que quieren una mujer es para que les arregle la casa y les caliente la
cama, por lo que lo único que les importa es el físico y el dinero (dicho por
ellos con palabras textuales)… y no son
niñatos que conste… cuando les cuento cómo funcionan las cosas en España
flipan. María, la stagière-monja es mucho más abierta y tiene un concepto de la
pareja mucho más occidental.
De cena fufú, arroz y carne de ternera en salsa. En la
comida hicieron makembas (los plátanos que usan para freir) salteados por lo
que el azúcar que tienen se carameliza y quedan riquísimos… habrá que probar
con los plátanos nacionales :)
Por cierto, hay un plato de una vajilla igual a una que
tenía mi madre hace unos años… tiene cojones la globalización…
¡Muchos besos!
Jajjjajjajjajaaaaa! Estoy segura de que cuando te dije que te llevaras el cepillo de uñas pensaste que era una pija remilgadaaaaa!!! Pues ya ves! Sé que estás disfrutando, aunque eches de menos tu vida habitual, eres una valiente, no es lo mismo vivir que vacacionar...Ánimo compañera, después de Congo vas a ser la versión mejorada (si cabe) de Yanira! Un besazo
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