Me levanté temprano para estar con tiempo en
el aeropuerto. Lo primero que me sorprendió fueron los pasajeros del vuelo.
Lejos de ser todos negros con vestidos de colores había algunos negros, casi
todos vestidos al modo occidental, y muchos blancos de todas las edades y de
ambos sexos ¿qué vendrían a hacer en Uganda?
Tras el largo viaje que nos hizo cruzar Los
Alpes, Eslovenia, Croacia, Grecia, Egipto… llegamos a Uganda ya de noche. Me
impresionó la escasez de luz que había bajo nuestros pies. Es cierto que
titilaban algunas luces, vislumbré alguna ciudad, pero la gran mayoría del
territorio era de una negrura tan espesa que asustaba. Digamos que me sentía
como si fueran a abrir las puertas y a dejarme en mitad de la nada. El confort
del avión me parecía un espejismo.
Al llegar al aeropuerto, a parte de un par de
tipos con ametralladora en lugar de con pistola como nuestros polis, no
encontré nada muy asombroso. Tenía 3 plantas y era algo cutre,
pero parecía un aeropuerto. Varios funcionarios amables y sonrientes me
indicaron en qué fila debía esperar para hacer mi visado de tránsito en Uganda.
Mis maletas estaban en la cinta, tal como las había empaquetado en Málaga (eso
sí, la nueva, que me la había comprado en los chinos ¡se ha roto! Así que aún
sigue envuelta en film.)
Encontré perfectamente a la persona que debía
recogerme, el padre Ivo, y a su chofer
Martin. Nos dirigimos hacia Kampala, a la casa de los Misioneros de
África, donde me esperaba una cerveza fresquita y una habitación individual con
baño, mosquitera y ¡sin bichos! (parecía un sueño).
Por el camino me llamó la
atención que había muchísimas personas en la calle y que hay muchas casas que
tienen delante un “techaillo” debajo del que ponen una mesa de billar.
Por cierto, mi móvil funciona a la perfección,
aunque en cuanto llegue al Congo compraré uno de allí que es más barato.
La noche cálida, pero confortable tras una
buena ducha de agua y repelente de mosquitos.

¡Vaya suite!
ResponderEliminarPS: Eso te pasa por comprar en los chinos... ¡que no escarmentamos!