Cuando llegamos había una gran
sala llena de sillas vacías, con lo que pensé “oh dios mío, otra vez a esperar
3 horas”, pero esta vez hubo suerte y calculo que todo estaba listo en una. Uno
de los sacerdotes dirigía la ceremonia e iba dando la palabra a las diferentes
personas y animando la noche con música tradicional.
Todo estaba extremadamente protocolizado. Tras la introducción hecha por
él, unos cantos y rezos (y yo, que no tenía ni idea de lo que íbamos a hacer, con
un miedo terrible a que me sonara el móvil en cualquier momento), luego en
fila, empezando por los homenajeados, a lavarse las manos, después a servirse
la comida. Mas tarde las presentaciones. De la mía se encargó Paco, que contó
mi lucha con familia, novio, amigos y conmigo misma hasta lanzarme a coger el
avión que me trajo aquí. Después hablaron varias personas, todas muy
agradecidas con Dios, por mantener vivo al padre Polo y por haber guiado
nuestros caminos hasta allí.
Hacia el final, tomó la palabra
el obispo un hombre de mediana edad con una voz muy dulce y tranquilizadora y
con un enorme don de palabra. Todo lo que dijo fue precioso y muy emotivo. No
pretendo tirarme flores al repetir algunas de las palabras que me dedicó, sólo
que tratéis de comprender como son los congoleños. Aun así distará de la
realidad porque no voy a ser capaz de transcribir el discurso de al menos 5
minutos, pero trataré de plasmar la esencia.
Me agradeció que hubiera elegido
venir al Congo, especialmente tras conocer lo difícil que había sido para mí
encontrar las condiciones para venir y enfrentarme a la idea que en Europa hay
del Congo. Se mostró admirado por mi coraje a enfrentarme a los míos y
finalmente dejar todo atrás y partir para encontrarme con otras personas, para
conocer otras maneras de ser y de hacer, para aprender cómo se realiza la
medicina prácticamente sin medios, lo que en esencia, era un profundo acto de
amor. Terminó deseándome una feliz estancia, que ayude lo que pueda y que
aprenda mucho, que me enriquezca como persona y que cuando me vaya, si
finalmente “me pica el virus de África”, que corra a contarle a los demás la
verdad de su pueblo y que regrese con mis familiares y amigos.
No sé si he logrado que sintáis
lo que yo, pero sus palabras emanaban tanto amor y reconocimiento que incluso
ahora vienen lágrimas de emoción a mis ojos. Aquí todo es magnífico, las
personas son increíblemente amables y serviciales, y nos muestran a cada
momento su cariño y respeto. Estoy segura de que voy a aprender mucho…
Te mereces esas palabras y mil mas. Para mi eres la persona mas valiente que conozco, ya lo sabes. Vas a hacer mucho bien alli. Disfruta, aventurera!!
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