jueves, 14 de marzo de 2013

NOCHE DEL 9 DE MARZO: LAS PALABRAS MÁS BONITAS

Cuando terminé de subir las entradas anteriores (por cierto, no pude revisarlas así que perdonad los errores) fuimos a una fiesta. El Obispo había organizado una velada para celebrar los 96 años del cura más mayor, que es encantador por cierto, la llegada de tres nuevas monjas y mi visita.
Cuando llegamos había una gran sala llena de sillas vacías, con lo que pensé “oh dios mío, otra vez a esperar 3 horas”, pero esta vez hubo suerte y calculo que todo estaba listo en una. Uno de los sacerdotes dirigía la ceremonia e iba dando la palabra a las diferentes personas y animando la noche con música tradicional. 
Todo estaba extremadamente  protocolizado. Tras la introducción hecha por él, unos cantos y rezos (y yo, que no tenía ni idea de lo que íbamos a hacer, con un miedo terrible a que me sonara el móvil en cualquier momento), luego en fila, empezando por los homenajeados, a lavarse las manos, después a servirse la comida. Mas tarde las presentaciones. De la mía se encargó Paco, que contó mi lucha con familia, novio, amigos y conmigo misma hasta lanzarme a coger el avión que me trajo aquí. Después hablaron varias personas, todas muy agradecidas con Dios, por mantener vivo al padre Polo y por haber guiado nuestros caminos hasta allí.
Hacia el final, tomó la palabra el obispo un hombre de mediana edad con una voz muy dulce y tranquilizadora y con un enorme don de palabra. Todo lo que dijo fue precioso y muy emotivo. No pretendo tirarme flores al repetir algunas de las palabras que me dedicó, sólo que tratéis de comprender como son los congoleños. Aun así distará de la realidad porque no voy a ser capaz de transcribir el discurso de al menos 5 minutos, pero trataré de plasmar la esencia.
Me agradeció que hubiera elegido venir al Congo, especialmente tras conocer lo difícil que había sido para mí encontrar las condiciones para venir y enfrentarme a la idea que en Europa hay del Congo. Se mostró admirado por mi coraje a enfrentarme a los míos y finalmente dejar todo atrás y partir para encontrarme con otras personas, para conocer otras maneras de ser y de hacer, para aprender cómo se realiza la medicina prácticamente sin medios, lo que en esencia, era un profundo acto de amor. Terminó deseándome una feliz estancia, que ayude lo que pueda y que aprenda mucho, que me enriquezca como persona y que cuando me vaya, si finalmente “me pica el virus de África”, que corra a contarle a los demás la verdad de su pueblo y que regrese con mis familiares y amigos.
No sé si he logrado que sintáis lo que yo, pero sus palabras emanaban tanto amor y reconocimiento que incluso ahora vienen lágrimas de emoción a mis ojos. Aquí todo es magnífico, las personas son increíblemente amables y serviciales, y nos muestran a cada momento su cariño y respeto. Estoy segura de que voy a aprender mucho…

1 comentario:

  1. Te mereces esas palabras y mil mas. Para mi eres la persona mas valiente que conozco, ya lo sabes. Vas a hacer mucho bien alli. Disfruta, aventurera!!

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